sábado, 7 de mayo de 2016

RICA: Capítulo IV

Preparación para 
la Confirmación y la Eucaristía 
de los adultos bautizados en la primera infancia 
y que no han recibido catequesis

295. Las sugerencias pastorales que siguen se refieren a los adultos que recibieron el Bautismo cuando eran muy niños, y después no recibieron ninguna instrucción catequética ni, por tanto, han sido admitidos a la Confirmación y a la Eucaristía. Pueden, sin embargo, equipararse a casos similares, especialmente al caso del adulto que haya sido bautizado en peligro de muerte o ya moribundo. Aunque tales adultos nunca hayan oído hablar del misterio de Cristo, sin embargo, su condición difiere de la condición de los catecúmenos, puesto que aquéllos ya han sido introducidos en la Iglesia y hechos hijos de Dios por el Bautismo. Por tanto, su conversión se funda en el Bautismo ya recibido, cuya virtud deben desarrollar después. 

296. Por la misma razón que en el caso de los catecúmenos, la preparación de estos adultos requiere tiempo prolongado [1], para que la Fe infundida en el Bautismo pueda crecer, llegar a la madurez y ser grabada plenamente por medio de la formación pastoral que se les proporciona; y conviene que su vida cristiana sea confirmada por la oportuna enseñanza que se les propone, por la catequesis adecuada a ellos, por el trato con la comunidad de los fieles y por la participación en algunos ritos litúrgicos. 

297. El desarrollo ordinario de la catequesis generalmente corresponderá al orden propuesto a los catecúmenos [2]; pero al proponerla el sacerdote, el diácono o el catequista tenga presente la peculiar condición de estos adultos que ya han recibido el Bautismo. 

298. Como a los catecúmenos, también a estos adultos debe ofrecer la comunidad de los fieles su ayuda con caridad fraterna y con la oración y dando testimonio de su idoneidad cuando hayan de ser admitidos a los sacramentos [3]

299. Los adultos son presentados a la comunidad por un fiador. Pero en el tiempo de su formación cada uno de ellos elige, con la aprobación del sacerdote, su padrino, que como delegado de la comunidad actuará junto a él, y tendrá para con él los mismos deberes que el padrino para su catecúmeno [4]. Por cierto, que el padrino elegido en este tiempo, puede ser el que lo fue del Bautismo, con tal de que realmente sea capaz de cumplir este oficio. 

300. El tiempo de la preparación debe ser santificado con celebraciones litúrgicas, de las cuales la primera es el rito con el que los adultos son recibidos en la comunidad, y con el que ellos, como ya sellados con el Bautismo, reconocen que tienen parte en ella. 

301. Desde entonces participaran en las celebraciones de la liturgia de la palabra, ya sea en las celebraciones en que se reúne la asamblea de los fieles, ya sea en las que se destinan directamente a los catecúmenos. 

302. Para significar la acción de Dios en esta obra de preparación, sería muy oportuno emplear algunos de los ritos propios del catecumenado, que respondan a la condición especial de estos adultos y a su provecho espiritual, como son las «entregas» del Símbolo, de la Oración dominical y también de los Evangelios

303. Las etapas de la catequesis acomódense de modo conveniente al año litúrgico, especialmente en cuanto a su última parte, que generalmente se combinará con la Cuaresma, porque este período del año es muy a propósito para las ceremonias penitenciales que preparan para la celebración del sacramento de la Penitencia. 

304. El vértice de toda la formación será generalmente la Vigilia pascual, en la cual los adultos profesarán su fe bautismal, recibirán el sacramento de la Confirmación y participarán de la Eucaristía. Si no se pudiera administrar la Confirmación en la misma Vigilia pascual por ausencia del Obispo o del ministro extraordinario de la Confirmación, debe conferirse cuanto antes, y, si es posible, durante el tiempo pascual. 

305. Finalmente los adultos completarán su formación cristiana, y perfeccionarán su inserción en la comunidad, viviendo en unión de los neófitos el tiempo de la «mystagogia».




[1] Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos, Observaciones previas, n. 21: El tiempo de purificación e iluminación de los catecúmenos de ordinario coincidirá con la Cuaresma, que es tiempo para renovar a la comunidad de los fieles junto con los catecúmenos por la liturgia y a la catequesis litúrgica, mediante el recuerdo o la preparación del Bautismo, y por la penitencia (Conc. Vat. II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 109). Así dispone a los catecúmenos para celebrar el misterio pascual, que los sacramentos de la iniciación aplican a cada uno (cfr. Conc. Vat. II, Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia, Ad gentes, n. 14).

[2] Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos, Observaciones previas, n. 19§1: El catecumenado es un tiempo prolongado, en que los candidatos reciben la instrucción pastoral y se ejercitan en un modo de vida apropiado (cfr. Conc. Vat. II, Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia, Ad gentes, n. 14), y así se les ayuda para que lleguen a la madurez las disposiciones de ánimo manifestadas a la entrada. Esto se obtiene por cuatro caminos:
1.- Por una catequesis apropiada, dirigida por sacerdotes, diáconos o catequistas y otros seglares, dispuesta por grados, pero presentada íntegramente, acomodada al año litúrgico y basada en las celebraciones de la palabra, se va conduciendo a los catecúmenos no sólo al conveniente conocimiento de los dogmas y de los preceptos, sino también al íntimo conocimiento del misterio de la salvación, cuya aplicación desean.

[3] Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos, Observaciones generales, n. 4: La iniciación de los catecúmenos se hace gradualmente, en conexión con la comunidad de los fieles que juntamente con los catecúmenos consideran el precio del misterio pascual y renovando su propia conversión, inducen con su ejemplo a los catecúmenos a seguir al Espíritu Santo con toda generosidad. 
Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos, Observaciones previas, n. 19§2: El catecumenado es un tiempo prolongado, en que los candidatos reciben la instrucción pastoral y se ejercitan en un modo de vida apropiado (cfr. Conc. Vat. II, Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia, Ad gentes, n. 14), y así se les ayuda para que lleguen a la madurez las disposiciones de ánimo manifestadas a la entrada. Esto se obtiene por cuatro caminos: 
2.- Al ejercitarse familiarmente en la práctica de la vida cristiana, y ayudados por el ejemplo y auxilio de sus padrinos de catecumenado y de bautismo, y aun de todos los fieles de la comunidad, se acostumbran a orar a Dios con más facilidad, a dar testimonio de su fe, a tener siempre presente la expectación de Cristo, a seguir en su actuación las inspiraciones de lo alto y a ejercitarse en la caridad al prójimo hasta la abnegación de sí mismos. Preparados así, «los neoconversos emprenden un camino espiritual, en el cual participan ya por la Fe del misterio de la muerte y resurrección, y pasan de la vieja condición humana a la nueva del hombre perfecto en Cristo. Este tránsito que lleva consigo un cambio progresivo de sentimientos y costumbres, debe manifestarse con sus consecuencias sociales y desarrollarse paulatinamente durante el catecumenado. Siendo el Señor, al que confían, blanco de contradicción, los que se convierten experimentan con frecuencia rupturas y separaciones, pero también gozos que Dios concede sin medida» (cfr. Conc. Vat. II, Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia, Ad gentes, n. 13). 
Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos, Observaciones previas, n. 23: Antes de que se celebre la «elección», se requiere en los catecúmenos, la conversión de la mente y de las costumbres, suficiente conocimiento de la doctrina cristiana y sentimientos de fe y caridad; se requiere, además, una deliberación sobre su idoneidad. Después, durante la celebración del rito, tiene lugar la manifestación de su voluntad y la sentencia del Obispo o de su delegado delante de la comunidad. Así se comprende que la elección, rodeada de tanta solemnidad, sea como el eje de todo el catecumenado.

[4] Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos, Observaciones previas, n. 43: El padrino [5] por su parte, elegido por el catecúmeno a causa de su buen ejemplo, de sus dotes y de la amistad, delegado por la comunidad cristiana local y aprobado por el sacerdote, acompaña al candidato en el día de la elección, en la celebración de los sacramentos y en la etapa de la «Mystagogia». A él le atañe mostrar familiarmente al catecúmeno el uso del Evangelio en la vida propia y en el trato con la sociedad, ayudarle en las dudas y ansiedades, y darle testimonio y velar por el incremento de su vida bautismal. Señalado antes de la «elección», cumple su oficio públicamente desde el día de la «elección», al dar testimonio del catecúmeno ante la comunidad; y su oficio sigue siendo importante, cuando el neófito, recibidos los sacramentos, ha de ser ayudado para permanecer fiel a las promesas del Bautismo.

[5] Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos, Observaciones generales, n. 8: Según costumbre antiquísima de la Iglesia, no se admite a un adulto al Bautismo sin un padrino, tomado de entre los miembros de la comunidad cristiana. Este padrino le habrá ayudado al menos en la última fase de preparación al sacramento y, después de bautizado, contribuirá a su perseverancia en la fe y en la vida cristiana. En el Bautismo de un niño debe haber también un padrino: representa a la familia, como extensión espiritual de la misma, y a la Iglesia Madre, y, cuando sea necesario, ayuda a los padres para que el niño llegue a profesar la Fe y a expresarla en su vida.

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